Publicaciones en la SEBAP

Sistema educativo y requisitos socioeconómicos

EL método educativo, aplicado en España, no interioriza la importancia de la disciplina científica y el valor de las materias humanistas; no asume plenamente la dualidad simbiótica que exige el proceso de aprendizaje: formar en actitudes y aptitudes; tampoco inculca los valores del esfuerzo, la perseverancia, el rigor, el trabajo en equipo y el compromiso. Esconde a menudo que el despilfarro se sustenta porque condenamos a la miseria a millones de ciudadanos del planeta a vivir anclados en la pobreza y la desesperanza, olvida la diferencia entre empatizar y simpatizar, practica la relajación en los valores que sustentan la fortaleza en los razonamientos y las decisiones, sin comprender que la tolerancia y la aceptación de las diversas culturas y opiniones sólo es posible con una sólida formación, y adquiriendo la capacidad de observar, analizar y razonar.

El final del curso académico se acerca, la dura realidad de los rendimientos académicos no aceptables quedaran reflejados en las notas, no en todos los casos, ya que a menudo la falta de rigor o evitar afrontar la realidad, genera actitudes benévolas que disimulan a corto plazo la realidad.

Es un hecho indiscutible que los modelos educativos europeos tienen paralelismos en cuanto a rendimientos no buenos en la educación obligatoria, como queda evidenciado en los múltiples indicadores y estudios que sistemáticamente llegan a nuestras manos. Análisis y diagnosis recurrentes, en muchos casos limitados a la exposición de las realidades harto conocidas, y con ausencia de propuestas concretas. Muchas son las causas, pero una de ellas es la ausencia de procesos y métodos ajustados a los requisitos socioeconómicos, al no haberse incorporado al proceso las herramientas pedagógicas basadas en los avances tecnológicos, ya que hoy en día es imprescindible tanto un aprendizaje personalizado, como facilitar la asimilación de los conocimientos mediante su aplicación simultanea a su estudio, lo cual es posible mediante técnicas de simulación en entornos virtuales, en la línea de lo que indicaba el Cercle per el Coneixement en el 2002 cuando proponía implementar herramientas basadas en técnicas infograficas e inteligencia artificial –LDI: Libro digital inteligente-.

También sabemos que es necesario que los proyectos educativos no varíen cada vez que se produce un cambio de gobierno, y que se asuman los cambios socioculturales fruto de la creciente inmigración, la desestructuración familiar, la necesidad del trabajo de la mayoría de miembros de la unidad familiar, ciertas conductas violentas que aparecen en las aulas … Todo un conjunto de evidencias que no deberían esconder que el problema real reside en el modelo último que inspira y rige el modelo educativo; me refiero a la cultura del mínimo esfuerzo, de la proximidad excesiva, de la falta de rigor, en definitiva del divorcio entre los valores que rigen el acto académico y aquellos que permiten el progreso social, el desarrollo personal y profesional.

EL método educativo, aplicado en España, no interioriza la importancia de la disciplina científica y el valor de las materias humanistas; no asume plenamente la dualidad simbiótica que exige el proceso de aprendizaje: formar en actitudes y aptitudes; tampoco inculca los valores del esfuerzo, la perseverancia, el rigor, el trabajo en equipo y el compromiso. Esconde a menudo que el despilfarro se sustenta porque condenamos a la miseria a millones de ciudadanos del planeta a vivir anclados en la pobreza y la desesperanza, olvida la diferencia entre empatizar y simpatizar, practica la relajación en los valores que sustentan la fortaleza en los razonamientos y las decisiones, sin comprender que la tolerancia y la aceptación de las diversas culturas y opiniones sólo es posible con una sólida formación, y adquiriendo la capacidad de observar, analizar y razonar. A los imprescindible maestros no les podemos exigir más de lo que razonable se espera de ellos, y menos aun si no les dotamos de los medios y recursos requeridos, a la vez que reconozcamos públicamente, con palabras y hechos, su importancia fundamental en la sociedad globalizada, multicultural y asimétrica que estamos construyendo a principios del siglo XXI.

Un nuevo curso llama a las puertas, la planificación se ultima, pero las herramientas, la cultura y los valores que lo sustentan, y que siguen forjándose en las facultades y escuelas de pedagogos, siguen sin variar, consecuentemente los resultados difícilmente podrán cambiar su tendencia negativa, y el divorció entre los jóvenes que surgen de las aulas y los requerimientos del sistema sociocultural y socioeconómico que rige la sociedad del siglo XXI seguirá existiendo. El futuro seguirá en las manos de aquellos países que hacen del sistema educativo y la formación de las personas el pilar donde se apoya el progreso.

Lina Zulueta Fernández

Asociada del Cercle per el Coneixement

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